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</noinclude>Este es el último libro de la Biblia, y como inicia el capítulo 1, en ella se nos muestra las cosas que deben de suceder pronto al pueblo de Dios como al mundo.

Namebook Nombre del Libro

Los más antiguos manuscritos griegos en existencia y los escritos de varios padres de la iglesia, comenzando con Ireneo (c. 130 d. C.-c. 202), dan a este libro el sencillo título de Apocalipsis de Juan. Pero en algunos manuscritos medievales más tarde se amplió el título a Apocalipsis de Juan el teólogo y evangelista y Apocalipsis de San Juan el teólogo. La palabra griega apokálupsis, "apocalipsis", "revelación", se refiere a quitar un velo o descubrir algo, y particularmente en lenguaje religioso, a descorrer el velo del futuro. La forma apocalíptico fue común entre los judíos del período intertestamentario (desde Malaquías hasta Cristo) y los primeros cristianos (ver t. V, pp. 88-91), y también entre ciertos escritores de la iglesia primitiva (ver bajo el subtítulo "Tema").[1]

Pen Autor

El autor de Apocalipsis se identifica repetidas veces como "Juan" (cap. 1:1, 4, 9; 21:2; 22:8). IÇánn's, la forma griega de este nombre (ver Luc. 1:13), al nombre común hebreo Yojanan, que aparece numerosas veces en los últimos libros del AT, en los libros apócrifos y en Josefo. Esto identifica al autor como judío.[1]

Wait time Marco Histórico

Los eruditos modernos están divididos en cuanto a si el momento cuando se escribió el Apocalipsis debe fijarse en una fecha relativamente temprana, durante los reinados de Nerón (54-68 d. C.) o de Vespasiano (69-79 d. C.; ver t. VI, pp. 83, 88), o en una fecha posterior, hacia el fin del reinado de Domiciano (81-96 d. C.; ver t. VI, p. 88).[1]

Los eruditos que prefieren una fecha más antigua para el Apocalipsis, generalmente identifican la persecución citada en las cartas a las siete iglesias con la que sufrieron los cristianos en el reinado de Nerón (64 d. C.), o posiblemente más tarde en el tiempo de Vespasiano, aunque no es claro hasta qué punto este último emperador persiguió a la iglesia. Creen que el mundo convulsionado descrito en el Apocalipsis refleja las dificultades que perturbaron la ciudad de Roma desde los últimos años de Nerón hasta los primeros años de Vespasiano. Ven en la bestia que sufre una herida mortal y es curada (cap. 13:3), y en la bestia que "era y no es; y está para subir del abismo" (cap. 17:8), una representación de Nerón, de quien decía una leyenda popular que apareció después de su muerte, que reaparecería algún día. También creen que el número simbólico 666 (cap. 13:18) representa a Nerón César, escrito en consonantes hebreas (Nrwn Qsr). Estas evidencias han inducido a cierto número de destacados eruditos a ubicar la redacción del Apocalipsis a fines de las décadas de los años 60 ó 70 del siglo I.[1]

Este razonamiento, aunque indudablemente basado en hechos históricos, depende, para ser admitido, de la interpretación que se dé a ciertas declaraciones del Apocalipsis. Pero una interpretación tal es, por supuesto, subjetiva, y no ha sido aceptada por muchos verdaderos eruditos del pasado. Tampoco la acepta este Comentario, pues sus autores creen que las profecías del Apocalipsis se aplican también a lo que está más allá de la situación inmediata y local (cf. com. cap. 1: 11). Cualquier evidencia para la fecha de la redacción del Apocalipsis debe basarse, en primer lugar, por lo menos en otras clases de evidencias y razonamientos.[1]

El testimonio de los primeros escritores cristianos es casi unánime en el sentido de que el libro de Apocalipsis fue escrito durante el reinado de Domiciano. Ireneo, que afirma que tuvo relación personal con Juan por medio de Policarpo, declara del Apocalipsis: "Porque eso no fue visto hace mucho tiempo, sino casi en nuestros días, hacia fines del reinado de Domiciano" (Contra herejías v. 30). Victorino (m. c. 303 d. C.) dice: "Cuando Juan dijo estas cosas estaba en la isla de Patmos, condenado a trabajar en las minas por el césar Domiciano. Por lo tanto, allí vio el Apocalipsis" (Comentario sobre el Apocalipsis, cap. 10: 11; ver com. Apoc. l: 9). Eusebio (Historia eclesiástica iii. 20. 8-9) registra que Juan fue enviado a Patmos por Domiciano, y que cuando los que habían sido desterrados injustamente por Domiciano fueron liberados por Nerva, su sucesor (96-98 d. C.), el apóstol volvió a Efeso.[1]

Un testimonio cristiano tan antiguo ha inducido a los autores de este Comentario a fijar el momento cuando se escribió el Apocalipsis, al final del reinado de Domiciano, o sea antes de 96 d. C.[1]

Book 2 Tema

Desde su mismo comienzo (cap. l: l) este libro se anuncia como un apocalipsis o revelación, como un descorrer del velo de los misterios del futuro, que culminan con el triunfo de Jesucristo. Los escritos apocalípticos habían descollado entre la literatura religiosa judía durante más de dos siglos. En verdad, el primer apocalipsis que se conoce -el libro de Daniel-, apareció en el tiempo del cautiverio babilónico en el siglo VI a. C. Mediante las guerras de los Macabeos, cuando los judíos recobraron su independencia política 400 años más tarde, crecieron las esperanzas mesiánicas que se enfocaban en el anhelado nuevo reino judío, y apareció un conjunto de literatura apocalíptico que seguía en mayor o menor grado la forma literaria y los símbolos de Daniel. En el siguiente siglo, cuando la conquista romana deshizo las esperanzas de los judíos de que hubiera un reino mesiánico mediante los asmoneos (ver t. V, p. 36), las expectativas mesiánicas llegaron a ser aún más intensas al anticipar los judíos a un mesías que venciera a los romanos. Durante el siglo 1 a. C. y el siglo 1 d. C., tales esperanzas continuaron siendo un incentivo para que hubiera más obras apocalípticas. Ver t. V, pp 88-91 donde se trata el tema de la literatura judía apocalíptica.[1]

Por lo tanto, no hay por qué sorprenderse de que en el NT, escrito mayormente -si no del todo- por judíos y para una iglesia que era mayormente judía en su fondo religioso, Dios colocara un libro de carácter apocalíptico que expone el punto de vista cristiano de los sucesos que llevarían hasta el introducimiento del reino mesiánico. En sus mensajes a los hombres por medio de los profetas, Dios expresa su voluntad en lenguaje humano y en formas literarias con las cuales estaba familiarizada la gente a quien se dirigieron originalmente sus mensajes.[1]

El Apocalipsis tiene cuatro divisiones principales o líneas proféticas: (1) las siete iglesias, cap. 1-3; (2) los siete sellos, cap. 4 a 8: 1; (3) las siete trompetas, cap. 8:2 a 11 y (4) los sucesos finales del gran conflicto, cap. 12-22.[1]

Si se tiene en cuenta que el lenguaje del libro es a menudo sumamente figurado, es esencial descubrir la intención y el propósito de su autor inspirado y el significado de la obra para los lectores a quienes originalmente se dirigía. De otro modo, la interpretación de sus figuras -y por lo tanto de su mensaje puede reflejar una simple opinión personal. Los primeros lectores eran cristianos que hablaban griego, y quienes, ya fueran judíos o gentiles, consideraban los escritos del canon del AT como la Palabra inspirada de Dios (ver com. Juan 5:39; Hech. 24:14; 2 Tim. 3:16-17) y estaban dispuestos a interpretar la nueva revelación en estrecha relación con la antigua. Por lo tanto, las siguientes observaciones y principios serán de utilidad para una correcta interpretación del Apocalipsis.[1]

"En el Apocalipsis se encuentran y terminan todos los libros de la Biblia", y es, en un sentido especial, "el complemento del libro de Daniel" (HAp 419). Mucho de lo que estaba sellado en el libro de Daniel (ver com. Dan. 12:4) es revelado en el libro del Apocalipsis, y los dos deben estudiarse juntos. El Apocalipsis contiene citas o alusiones de 28 de los 39 libros del AT. De acuerdo con un erudito hay 505 citas y alusiones tales, de las cuales unas son de los libros proféticos: Isaías, Jeremías, Ezequiel, y Daniel en particular. De los profetas menores son más comunes las referencias a Zacarías, Joel, Amós y Oseas. De los libros del Pentateuco se hace uso especialmente de Exodo. De las secciones poéticas se emplea Salmos (ver com. Luc. 24:44). Algunos también encuentran ecos de los siguientes libros del NT: Mateo, Lucas, 1 y 2 Corintios, Efesios, Colosenses y 1 Tesalonicenses, Hay ilustraciones de la forma en que Juan emplea el lenguaje y las figuras del AT en la Nota Adicional de Apoc. 18; ver com. Isa. 47: l; Jer. 25:12; 50: l; Eze. 26:13. Un examen de las citas y alusiones revela que él traducía directamente del AT hebreo, aunque a veces bajo la influencia de la LXX o una versión griega posterior.[1]

Una comprensión clara de estas citas y alusiones en su marco histórico en el AT, es el primer paso para la comprensión de los pasajes donde aparecen en el Apocalipsis. Entonces puede estudiarse el contexto en que las usa Juan para descubrir el significado que él les da. Esto se aplica particularmente a los nombres de personas y lugares, y a cosas, hechos y sucesos. Como muchos de los símbolos del libro del Apocalipsis ya eran conocidos en la literatura apocalíptico judía, esa literatura a veces ayuda a aclarar el significado de esos símbolos. Los que están familiarizados con la historia romana de ese tiempo también observarán que el lenguaje de Juan describe a menudo el Imperio Romano y las vicisitudes de la iglesia bajo su dominio. Por lo tanto, un estudio de la historia romana de ese período aclara algunos pasajes que de otra manera serían oscuros. Finalmente debe prestarse atención a las formas de pensamiento y expresión de la época a la luz del fondo cultural de ese tiempo.[1]

Al determinar el significado de las escenas sucesivas que pasaron delante de Juan en visión, conviene recordar que el Apocalipsis fue dado para guiar, consolar y fortalecer a la iglesia no sólo de esa época sino a través de la era cristiana hasta el fin del tiempo (ver HAp 417, 419). En él fue predicha la historia de la iglesia para el beneficio y vital consejo de los creyentes de los tiempos apostólicos, de los cristianos de las edades futuras y de los que viviesen en los últimos días de la historia de la tierra, a fin de que todos pudiesen tener una comprensión inteligente de los peligros y conflictos que les aguardaban (ver HAp 418-419). Por ejemplo, los nombres de las siete iglesias son símbolos de la iglesia en diferentes períodos de la historia. La iglesia local de Efeso llegó a ser símbolo de toda la comunidad cristiana de los tiempos apostólicos, pero el mensaje dirigido a ella fue registrado para animar a los creyentes de todas las edades (ver HAp 415, 420).[1]

Es razonable inferir que la descripción de la iglesia de Efeso y la admonición que recibe eran particularmente apropiadas para las necesidades de aquella iglesia en la época en que fue escrito el mensaje. También eran apropiadas para las necesidades de toda la iglesia cristiana en el período apostólico y, por lo tanto, en resumen, representa lo que estaba sucediendo durante ese período de la historia de la iglesia. Se registró para inspiración y ánimo de los creyentes de todas las edades, porque los mismos principios pueden aplicarse en circunstancias similares. Por analogía, lo mismo es cierto respecto a los mensajes de las otras iglesias. En vista de que las cuatro líneas mayores de profecía enfocan las escenas finales de la historia del mundo, los mensajes del libro del Apocalipsis tienen una importancia particular para la iglesia actual.[1]

Que un solo pasaje profético pueda tener más de un cumplimiento, es evidente (ver com. Deut. 18:15). Algunas de esas profecías tienen un cumplimiento inmediato y otro más remoto, y además hay en ellas principios que pueden aplicarse en general en todas las épocas. Más aún, "debe recordarse que las promesas y las amenazas de Dios son igualmente condicionales" (EGW MS 4, 1883).[1]

De esta manera ciertas predicciones que podrían haber hallado un cumplimiento pleno en una época anterior de la historia, fueron diferidas a causa del fracaso de la iglesia que no se puso a la altura de sus privilegios y oportunidades (ver t. IV, pp. 32-36).[1]

Structure Estructura

La estructura que tiene el libro de Apocalipsis, es la siguiente[1]:

Prólogo, 1: 1-3.

Las cartas a las siete iglesias, 1: 4 a 3: 22.

  1. Saludo, 1:4-8.
  2.  Introducción: la visión de Cristo, 1:9-20.
  3.  A Efeso, 2:1-7.
  4.  A Esmirna, 2:8-11.
  5.  A Pérgamo, 2:12-17.
  6.  A Tiatira, 2:18-29.
  7.  A Sardis, 3:1-6.
  8.  A Filadelfia, 3:7-13.
  9.  A Laodicea, 3:14-22.

El trono de Dios y el libro de los siete sellos, 4: 1 a 8: 1.

  1. El trono celestial, 4: 1 -11.
  2. El triunfo del Cordero, 5:1-14.
  3. Los primeros seis sellos, 6:1-17.
  4. El sellamiento de los 144.000, 7: 1-8.
  5. La gran multitud, 7:9-11.
  6. El séptimo sello: finaliza el conflicto, 8:1

Los juicios de Dios: Las siete trompetas, 8:2 a 11: 19.

  1. Introducción, 8:2-6.
  2.  Las primeras seis trompetas, 8:7 a 9:21.
  3.  El ángel con el librillo, 10: 1-11.
  4.  Medición del templo, 11: 1-2.
  5.  Los dos testigos, 11:3-14.
  6.  La séptima trompeta: el triunfo de Dios, 11: 15-19.

La fase final del gran conflicto, 12:1 a 20:15.

  1. Satanás hace guerra contra el pueblo remanente, 12:1 a 13:14.
  2. Principios en juego en el último conflicto, 13: 15 a 14:20.
  3. Las siete últimas plagas: castigos divinos sobre los impíos, 15:1 a 17: 18.
  4. Exterminación del mal, 18: 1 a 20:15.

La tierra nueva y sus moradores, 21:1 a 22:5.

  1.  La nueva Jerusalén, 21:1-27.
  2.  El río y el árbol de vida, 22:1-2.
  3.  El reino eterno de los santos, 22:3-5.

Epílogo: Admonición e invitación, 22:6-21.

  1.  Recepción del libro y su mensaje, 22:6-10.
  2.  Una exhortación a estar listos para la venida de Cristo, 22:11-21.

Galería

Referencias

  1. 1,00 1,01 1,02 1,03 1,04 1,05 1,06 1,07 1,08 1,09 1,10 1,11 1,12 1,13 1,14 1,15 1,16 1,17 Comentario Bíblico Adventista
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