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El tema que trata el libro de los Gálatas es sobre la justificación de la fe y no por las obras. Este tema es importante porque en aquel tiempo había judíos que creían que la salvación era por obras y obligaban a los gentiles a judaizar, es por ello, que Pablo escribió en este libro que "Por gracia sois salvos y no por las obras". Pablo exalta la obra de Dios hecha por el hombre, para que el hombre sea justificado delante de Él.

Namebook Nombre del Libro

Esta carta fue dirigida a las iglesias de Galacia. No se sabe si estas, iglesias estaban en el norte de Galacia, en ciudades como Tavion, Pesino y Ancira (Angora), o en el sur, en Antioquía, Iconio, Listra, Derbe y otras ciudades (ver mapa frente a p. 33). A la primera opinión se le da el nombre de teoría de la Galacia del norte; y a la segunda, teoría de la Galacia del sur. El tema de estas dos teorías se trata detenidamente en las dos Notas Adicionales de Hech. 16. El nombre Galacia se debe a las tribus de galos que invadieron el Asia Menor alrededor del año 278 a. C. y se establecieron en la parte norte de lo que en el 25 a. C. se transformó en la provincia romana de Galacia.[2]

Pen Autor

La paternidad literaria paulina de esta epístola no ha sido puesta en duda seriamente. La evidencia interna de la epístola es convincente, y concuerda en forma completa con el carácter de Pablo como es descrito en los Hechos y en otras cartas atribuidas a él. Los escritores cristianos posteriores a los apóstoles conocían la epístola, y consideraban que provenía de la mano de Pablo. Aparece en las listas más antiguas de libros del NT.[2]

Wait time Marco Histórico

Pablo y Bernabé fundaron en su primer viaje las iglesias de Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe (ver Hech. 13:14 a 14:23), alrededor de los años 45-47 d. C. Después de volver a Antioquía fueron enviados a Jerusalén con la pregunta de si se debía imponer a los gentiles convertidos al cristianismo la práctica de los ritos y las ceremonias del judaísmo (ver Hech. 15). El Concilio de Jerusalén, celebrado alrededor del año 49 d. C., se pronunció en contra de imponer dichos ritos y ceremonias a los que no eran judíos. Pablo comenzó su segundo viaje misionero poco después de ese concilio, acompañado por Silas. Primero visitaron de nuevo las iglesias del sur de Galacia que Pablo había organizado en su primer viaje, tres de las cuatro se mencionan específicamente: Derbe, Listra e Iconio (ver Hech. 16: 15). Después llevaron el Evangelio a Frigia y Galacia (vers. 6). Los que sostienen la teoría de la Galacia del norte (ver Nota Adicional de Hech. 16), hacen notar que después de esta visita a Derbe, Listra e Iconio, Pablo y Silas pasaron por el lugar que Lucas llama "la provincia de Galacia". Por esto se puede deducir que Lucas hablaba de la región donde se establecieron los galos y no lo que los Romanos llamaban la 930 provincia de Galacia, que incluía otras zonas hacia el sur (ver mapa frente a p. 33). Pablo volvió una vez más a Galacia a comienzos de su tercer viaje misionero, alrededor de los años 53 y 54 d. C.[2]

La Epístola a los Gálatas tuvo que haber sido escrita después de los sucesos registrados en Gál. 2:1-14. Si aquí se hace alusión al concilio de Jerusalén descrito en Hech. 15, la carta debe haber sido escrita después de la terminación del primer viaje, pues ese concilio se celebró entre el primer viaje misionero y el segundo (ver Hech. 15:36-41). Además, de acuerdo con Gál. 4:13, parece que Pablo ya había visitado las iglesias de Galacia dos veces, y si es así, la carta tuvo que haber sido escrita después de que terminara su segundo viaje. Si se acepta la teoría de la Galacia del norte, la carta a los Gálatas fue escrita después del tercer viaje, pues Pablo no había visitado las iglesias del norte de Galacia en su primer viaje. Por lo tanto, el momento cuando escribió la epístola podría ser el invierno (diciembre febrero) del año 57/58 d. C.[2]

Book 2 Tema

El tema de la Epístola a los Gálatas es la justificación por medio de la fe en Jesucristo, lo cual presenta un contraste con el concepto judaico de la justificación por medio del cumplimiento de las "obras" prescritas en el sistema legal judío. Esta carta ensalza lo que Dios ha hecho mediante Cristo para la salvación del hombre, y rechaza categóricamente la idea de que una persona puede ser justificada por sus propios méritos. Ensalza la dádiva gratuita de Dios, en contraste con los esfuerzos del hombre de salvarse por sí mismo. La pregunta específica en disputa entre Pablo y los maestros de la herejía en Galacia era: el cumplimiento de las ceremonias y requisitos prescritos en el judaísmo, ¿le da derecho a una persona al favor divino y a ser aceptada por Dios? La respuesta fue un rotundo No: "el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo" (ver com. cap. 2: 16). El cristiano que trata de ganar la salvación mediante las "obras de la ley", está renunciando completamente a la gracia de Cristo (cap. 2: 21; 5: 4).[2]

Los cristianos, como "hijos de la promesa" (cap. 4: 28), son "herederos" (cap. 3: 6-7, 14, 29). Ya no eran niños inmaduros en la fe para necesitar un "ayo" que los guiara (Gál. 3: 23-26; 4: 1-7), pues se habían convertido en nuevas criaturas en Cristo (cap. 4: 7; 6: 15), "guiados por el Espíritu" (cap. 5: 18), y Cristo vivía por la fe en sus corazones, en donde tenían escrita la ley moral (Gál. 2: 20; Heb. 8: 10). Pero entre tanto que los judíos se jactaban de una justificación que pretendían adquirir mediante sus propios esfuerzos, observando las leyes de Dios (Rom. 2: 17; 9: 4), los cristianos reconocían -y reconocen- que no tenían nada de qué gloriarse, excepto en el poder salvador de "la cruz de nuestro Señor Jesucristo" (ver Gál. 6: 14).[2]

"Ley" en la epístola de Gálatas equivale a toda la revelación recibida en el Sinaí, las reglas de Dios para sus hijos: leyes morales, estatutos civiles y ritos ceremoniales; aunque posteriormente los judíos les añadieron por su cuenta un cúmulo de leyes. Pensaban equivocadamente que por sus propios esfuerzos podían obedecer perfectamente esas leyes y que con semejante obediencia podían ganar su salvación. La Epístola a los Gálatas no se ocupa prácticamente de ninguna de esas leyes en particular, sino de la falsa idea de que alguien pueda ganar su propia salvación mediante el cumplimiento riguroso de los diversos requerimientos legales. El dilema es: o la salvación por la fe, o la salvación por las obras; ambas se excluyen entre sí.[2]

La lección que se destaca en Gálatas para la iglesia actual es la misma que en los días de Pablo: que la salvación sólo se puede lograr por medio de una fe sencilla en los méritos de Cristo (cap. 2: 16; 3: 2; 5: l), y que nada de lo que el hombre pueda hacer mejora en lo más mínimo su condición delante de Dios ni incremento sus posibilidades de obtener el perdón y la redención. La ley, ya sea moral o ceremonial, no tiene poder para librar a los hombres de la condición de pecado en que se encuentran (ver com. Rom. 3: 20; 7: 7). Este es el "Evangelio" de Pablo en contraste con el "evangelio" pervertido de los judaizantes (Gál. 1: 6-12; 2: 2, 5, 7, 14).[2]

 La carta concluye con una exhortación para que no abusaran de la libertad que poco antes habían encontrado en el Evangelio, sino para que vivieran una vida santa (cap. 6). El amor cristiano debía inducir a los gálatas a estar en guardia contra un espíritu de santidad fingida y a tratar bondadosamente a los que cayeran en error. La iglesia debía ser conocida por sus buenas obras al fruto del Espíritu, y no debía tratar de sustituir la fe en los méritos salvadores de Cristo con las buenas obras.[2]

Structure Estructura

La estructura del libro de Gálatas sería de la siguiente manera[2]:

Saludo e introducción, 1: 1 - 10.

  1. La autoridad apostólica del autor, 1: 1-5.
  2. La ocasión para escribir la carta y su propósito, 1: 6-10.

Defensa de la autoridad apostólica de Pablo, 1: 11 a 2: 14.

  1. La autenticidad de su conversión al cristianismo, 1: 11-24.
  2. La aprobación apostólica de su interpretación del Evangelio, 2:1-14.

La fe contra el legalismo como medio de salvación, 2: 15 a 3: 29.

  1. Los cristianos de origen judío también dependen de la fe en Cristo para la salvación, no de la ley, 2: 15-21.
  2. La salvación de los gentiles provista en el pacto hecho con Abrahán, 3: 1-14.
  3. La condición de "la ley" en relación con el pacto hecho con Abrahán,

3: 15-29.

El cristiano queda libre de la tutela de "la ley", 4: 1-31.

  1. De la inmadurez de "la ley" a la madurez del Evangelio, 4: 1-7.
  2. El insensato proceder de la iglesia de Galacia, 4:8-31.

Exhortaciones morales y espirituales, 5: 1 a 6: 10.

  1. La esclavitud del legalismo incompatible con la libertad en Cristo, 5: 1-12.
  2. La libertad cristiana no es una excusa para el libertinaje, 5:

13-26.

  1. El amor fraternal cumple con la ley de Cristo, 6: 1-10.

Conclusión, 6:11-18.

Referencias

Libros de la Biblia
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